Friday, April 3, 2009

Women's Brazilian Wax Designs



Some Flowers of Evil ..

I

DESTRUCTION
The devil is agitated at me without ceasing;
floating around me which air impalpable;
I breathe, I can feel my lungs burning
and filled with eternal desire and guilt.
Sometimes it takes, knowing my love of art,
the form of the most seductive woman, and under special
hypocritical pretexts
heinous usually my taste pleasures.
This leads me away from the eyes of God,
breathless and broken with fatigue,
center of the plains of boredom, deep and deserted
and throw my eyes filled with confusion,
dirty clothes, open wounds, and dressing
bloody destruction!



VI BLOOD SUPPLY

Sometimes I feel my blood rushing in waves,
the same as a source of rhythmic sobs
long run I hear murmurs,
but in vain I touch to find the wound.
Through the city as a closed field, is transformed
stones islets
quenching the thirst of every creature,
and red coloring in nature all. I have often asked

placate these wines for a single day the terror that gnaws at me;
looking wine becomes clearer and finer ear. I searched
love a forgotten dream;
but to me love is a bed stabbing
done to give drink to those whores cruel. VII



ALLEGORY

beautiful woman is in good shape,
came trailing in her hair. Love
claws, poisons the den,
all slips and blunts in his granite skin.
Death laughs and scorns Lust,
and both immolate all their ferocity,
have always respected its wild game, that body
law firm and the rough majesty.
Anda como una diosa y reposa como una sultana;
tiene por el placer una fe mahometana,
y en sus brazos abiertos que llenan sus senos
atrae con la mirada a toda la raza humana.
Ella cree, ella sabe, ¡doncella infecunda!,
necesaria no obstante a la marcha del mundo,
que la belleza del cuerpo es sublime don,
que de toda infamia asegura el perdón.
Ignora el infierno igual que el purgatorio,
y cuando llegue la hora de entrar en la noche negra,
mirará de la Muerte el rostro,
como un recién nacido, sin odio ni remordimiento.


IX
LA METAMORFOSIS DEL VAMPIRO

La mujer nos decía con su boca de fresa,
ondulante, acechante, entre sierpe y tigresa,
los senos oprimidos a punto de estallar,
estas palabras que ella dejaba resbalar:
"Yo tengo el labio húmedo y conozco la ciencia
que en el fondo del lecho diluye la conciencia.
Enjuga todo llanto la gloria de mis senos
que hacen reír a los viejos igual que a niños buenos.
¡Y soy para quien sepa contemplarme sin velos
la luna, y soy el sol, las estrellas, los cielos!
Tan docta soy amando, queridos sabihondos,
cuando un hombre aprisiono en mis brazos redondos
o cuando a sus mordiscos abandono mi pecho,
frágil y libertina a la vez, que en mi lecho,
gustador del deleite que raya en frenesí,
hasta los mismos ángeles se perdieron por mí."
Cuando toda la médula succionó de mis huesos,
y sobre ella rendido quise darle mis besos,
advertí que en sus flancos —todo fue en un momento—
resbalaba un humor viscoso, purulento.
Cerré entonces los ojos de frío y de terror,
y al abrirlos de nuevo al vivo resplandor,
junto a mí, y en lugar del maniquí gozado
que parecía haberse ya de sangre saciado,
temblaba un esqueleto, produciendo un crujido
como el de esa veleta que da un agrio chirrido,
o el rótulo hecho trizas del umbral del infierno
tremolando en el viento de una noche de invierno.

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